Bilbao es carcamal


Si alguien creía que Bilbao se transformaba en una urbe moderna estaba equivocado.


Es posible que la ciudad reciba premios al diseño urbanístico, pero está demostrado que a sus mandatarios sólo les preocupa la fachada. Las declaraciones del venerado alcalde cuando, ante la crisis, proclamó “no hay dinero para txistularis”, su argumentación ultradefensora de la propiedad privada para justificar el desmantelamiento de Kukutza, los desencuentros con la comisión de fiestas de Aste Nagusia... dejan claro que lo alternativo molesta. Todo lo que no esté bajo el control de la Autoridad municipal debe desaparecer. Ahora le ha tocado el turno a Pannagh. Ya fracasaron hace seis años en un primer intento de desmantelar esta organización dedicada al estudio del cannabis. Ahora vuelven a utilizar sus poderes fácticos con el fin de dificultar el avance de unos activistas que trabajan sin ánimo de lucro en la búsqueda de alternativas a una sociedad marchita. Para invertir en represión, asesores jurídicos y contaminación informativa sobra el dinero.

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